Archivo mensual: diciembre 2009

El uso de la coma

Uso de la coma

La coma (,) indica una pausa breve que se produce dentro del enunciado.

Orientación de uso

Ejemplos
 

Se emplea para separar los miembros de una enumeración, salvo que vengan precedidos por algunas de las conjunciones y, e, o, u.

 

Es un chico muy reservado, estudioso y de buena familia.

 

Acudió toda la familia: abuelos, padres, hijos, cuñados, etc.

 

¿Quieres café, té o un refresco?

 

 

Cuando los elementos de una enumeración constituyen el sujeto de la oración o un complemento verbal y van antepuestos al verbo, no se pone coma detrás del último.

 

El perro, el gato y el ratón son animales mamíferos.

 

De gatos, de ratones y de perros no quiero ni oír hablar.

 

 

Se usa coma para separar miembros gramaticalmente equivalentes dentro de un mismo enunciado, a excepción de los  casos en los que medie alguna de las conjunciones y, e, ni, o, u.

 

Estaba preocupado por su familia, por su trabajo, por su salud.

 

Antes de irte, corre las cortinas, cierra las ventanas, apaga las luces y echa la llave.

 

Sin embargo, se coloca una coma delante de la conjunción cuando la secuencia que encabeza expresa un contenido (consecutivo, de tiempo, etc.) distinto al elemento o elementos anteriores.

 

Pintaron las paredes de la habitación, cambiaron la disposición de los muebles, y quedaron encantados.

 

 

 

También cuando esa conjunción está destinada a enlazar con toda la proposición anterior, y no con el último de sus miembros.

 

Pagó el traje, el bolso y los zapatos, y salió de la tienda.

 

Siempre será recomendable el empleo de la coma cuando el período sea especialmente largo.

 

Los instrumentos de precisión comenzaron a perder exactitud a causa de la tormenta, y resultaron inútiles al poco tiempo.

 

 

En una relación cuyos elementos están separados por punto y coma, el último elemento, ante el que aparece la conjunción copulativa (esto es, “que liga y junta dos cosas”), va precedido de coma o punto y coma.

 

En el armario colocó la vajilla; en el cajón, los cubiertos; en los estantes, los vasos, y los alimentos, en la despensa.

 

Con gran aplomo, le dijo a su familia que llegaría a las tres; a sus amigos, que lo esperasen a las cinco; y consiguió ser puntual en los dos casos.

 

 

Se escribe una coma para aislar el vocativo (“llamar o invocar a una persona o cosa”) del resto de la oración.

 

Julio, ven acá.

He dicho que me escuchéis, muchachos.

 

 

 

Cuando el vocativo va en medio del enunciado, se escribe entre dos comas.

También cuando se interrumpe el sentido del discurso con un inciso aclaratorio o incidental, sobre todo si este es largo o de escasa relación con lo anterior o posterior.

Para intercalar algún dato o precisión: fechas. lugares, significado de siglas, el autor u obras citados.

Cuando dentro de un enunciado o texto que va entre paréntesis es preciso introducir alguna nota aclaratoria o precisión.

Para encerrar aclaraciones o incisos que interrumpen el discurso. En este caso se coloca siempre una raya de apertura antes de la aclaración y otra del cierre al final.

 

Estoy alegre, Isabel, por el regalo.

 

a)     Aposiciones (“reunión de dos o más sustantivos sin conjunción”) explicativas.

 

En ese momento Adrián, el marido de mi hermana, dijo que nos ayudaría.

 

 

b)     Las proposiciones adjetivas explicativas.

 

Los vientos del Sur, que en aquellas abrazadas regiones son muy frecuentes, incomodan a los viajeros.

 

 

c)     Cualquier comentario, explicación o precisión a algo dicho.

 

Toda mi familia, incluido mi hermano, estaba de acuerdo.

 

 

d)     La mención de un autor u obra citados.

 

La verdad, escribe un político, se ha de sustentar con razones y autoridades.

 

Cuando se invierte el orden regular de las partes de un enunciado, anteponiendo elementos que suelen ir pospuestos, se tiende a colocar una coma después del bloque anticipado. No es fácil establecer con exactitud los casos en que esta anteposición exige el uso de la coma. Pero frecuentemente puede aplicarse esta norma práctica:

 

 

 

 

 

 

a)     Si el elemento antepuesto admite una paráfrasis con en cuanto a, es preferible usar coma.

 

Dinero, ya no le queda. (Es posible decir: En cuanto al dinero, ya no le queda).

 

b)     Si, por el contrario, admite una paráfrasis con es lo que o es el que no se empleará coma.

 

Vergüenza debería darte. (Equivalente a: Vergüenza es lo que debería darte).

 

También suele anteponerse una coma a una conjunción o locución conjuntiva que une las proposiciones de una oración compuesta, en los casos siguientes:

 
 

a)     En las proposiciones coordinadas adversativas (“que denotan oposición”) introducidas por conjunciones como pero, más, aunque, sino.

 

Puedes llevarte mi cámara de fotos, pero ten mucho cuidado.

 

Cogieron muchas cerezas, aunque todas picadas por los pájaros.

 

 

b)     Delante de las proposiciones consecutivas introducidas por con que, así que, de manera que….

 

Prometiste acompañarle, con que ya puedes ir poniéndote el abrigo.

 

El sol me esta dando en la cara, así que tendré que cambiarme de asiento.

 

c)     Delante de proposiciones causales lógicas y explicativas.

 

Es noble, por que tiene un palacio.

 

Están en casa, pues tienen la luz encendida.

 

 

Los enlaces como esto es, es decir, o sea, en fin, por último, por consiguiente, sin embargo, no obstante, además, en tal caso, por lo tanto, en cambio, en primer lugar, y también, a veces, determinados adverbios o locuciones que desempeñan la función de modificadores oracionales, como generalmente, posiblemente, efectivamente, finalmente, en definitiva, por regla general, quizás, colocados al principio de una oración, se separan del resto mediante una coma.

 

Por consiguiente, no vamos a tomar ninguna resolución precipitada.

 

No obstante, es necesario reformar el estatuto.

 

Efectivamente, tienes razón.

 

 

 

Cuando estas expresiones van en medio de la oración, se escriben entre comas.

 

Estas dos palabras son sinónimas, es decir, significan lo mismo.

 

Tales incidentes, sin embargo, no se repitieron.

 

Este tipo de accidentes están causados, generalmente, por errores humanos.

 

 

Si los bloques relacionados mediante estos enlaces forman parte de la misma oración compuesta escrita entre puntos, se suelen separar con punto y coma colocado delante del enlace, al que seguirá una coma.

Se suele colocar punto y coma, en vez de coma, delante de conjunciones o locuciones conjuntivas como pero, mas y aunque, así como sin embargo, por tanto, por consiguiente, en fin, etc., cuando los períodos tienen cierta longitud y encabezan la proposición a la que afectan.

Si los bloques no son muy largos, se prefiere la coma.

Si los períodos tienen una longitud considerable, es mejor separarlos con punto y seguido.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En los casos en que se omite un verbo, por que ha sido anteriormente mencionado o porque se sobreentiende, se escribe en su lugar una coma.

 

El árbol perdió sus hojas; el viejo, su sonrisa.

 

Los niños, por aquella puerta.

 

En matemáticas, un genio; para la música, bastante mediocre.

 

 

En las cabeceras de las cartas, se escribe coma entre el lugar y la fecha.

 

Santiago, 8 de enero de 1999.

 

Se escribe coma para separar los términos invertidos del nombre completo de una persona o los de un sintagma (que integran una lista (bibliografía, índice,…).

 

  BELLO, Andrés: Gramática de la lengua castellana destinada al uso de los americanos.

 

   CUERVO, Rufino José: Diccionario de construcción y régimen de la lengua castellana.

 

–construcción, materiales de

–papelería, artículos de

 

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MUÑECAS QUITAPENAS (Cuento de Navidad) por Sol Muñoz


La abuela materna de Juan había nacido en Guatemala, ni siquiera ella sabía cuántos años hacía de eso. Todas las abuelas guatemaltecas (la abuela de Juan no iba a ser diferente) les cuentan leyendas y cuentos a sus nietos antes de irse a dormir. Pero lo que diferenciaba a la abuela del Juan del resto de abuelas, es que ella creía con ciega fe en el poder de la tradición oral. Pensaba que lo que se transmitía de generación a generación a lo largo de tantos lustros, a la fuerza, tenía que ser cierto.

El día de Navidad sorprendió a su nieto regalándole una pequeña caja de madera. Cuando Juan abrió la misteriosa caja encontró seis muñequitos con vestimentas indígenas. Parecían hechos a mano con alambres y diferentes telas e hilos de colores. Ese regalo, que cabía en la palma de su mano, estaba muy lejos de ser la bicicleta nueva con la Juan soñaba. Ante su cara de decepción, su abuela le explicó que eran “muñecas quitapenas”.

- ¿Muñecas quitapenas?- le preguntó extrañado.

- Exacto. Según la tradición de los indígenas mayas del Altiplano de Guatemala, cuando los niños tienen miedo, preocupaciones o pesadillas por la noche, se lo cuentan a las muñequitas antes de irse a dormir. Luego las colocan debajo de la almohada y, al amanecer, los sueños feos desaparecen- fue la respuesta de su abuela, pero tampoco pareció convencer a Juan.

Juan con diez años se sentía demasiado mayor para contarle sus preocupaciones a una muñeca y, además, no creía en la magia, ni en los hechizos, pero sí creía en su abuela, así que buscó la forma de no decepcionarla. Decidió que, en lugar de contarles preocupaciones, les pediría deseos. Se acercaba el final del año y en esas fechas todo el mundo empezaba de cero, nadie parecía tener preocupaciones y sí muchos proyectos nuevos y sueños por cumplir. Juan no sabía exactamente qué era lo que más anhelaba y preguntó a sus amigos para que le ofrecieran alguna pista. Casi todos soñaban con tener super poderes, como los protagonistas de los cómics que leían. Pero Juan no soñaba con volar, con tele transportarse, con poder estar en varios sitios a la vez o con ser capaz de detener el tiempo. La vida de Juan era bastante especial comparada con la del resto de los niños de su barrio.

Juan pensó una y otra vez en lo que deseaba. Quizás dejar de ser un niño, sí era eso lo que le pediría a las muñecas. Quería ser alto y fuerte, convertirse en algo así como en “un príncipe vengador” para saldarse todas sus deudas. A menudo se sentía débil e inseguro, especialmente cuando desde su habitación escuchaba lo gritos. Si en ese momento tuviera que elegir un animal que le identificase, sería, sin duda, un avestruz que esconde la cabeza dentro de la tierra, incapaz de enfrentarse a los problemas.

Juan se dejó caer en su cama mientras resoplaba y contempló el dibujo hecho por él mismo hacía unos años. Su madre se había limitado a clavarlo con la ayuda de unas chinchetas de colores en la pared de su habitación, sin preguntarle ni siquiera qué representaba. Era su propia casa, pero sin lindos colores, sólo utilizó el color negro. A sus padres los había dibujado con un algo sobre la cabeza. Sí, Juan lo recordaba, era un casco. Cogió el dibujo y lo hizo mil pedazos. Depositó los trocitos en la mesilla, junto a la caja de madera que le había regalo su abuela. Después, extrajo una de las muñecas y le pidió convertirse en un niño invisible para huir sin ser visto cuando su casa se convirtiera en un lugar oscuro. Después puso la muñeca debajo de la almohada, tal y como le había explicado su abuela, y se acurrucó entre las mantas.

Juan, sin saberlo, ya tenía ese super poder, el de la invisibilidad. Nadie le escuchaba, sólo su abuela y aquellas diminutas muñecas. El resto, muchas veces, ni se percataban de su presencia. Lleva mucho tiempo viviendo así, en el mundo enrevesado de los adultos.

A la mañana siguiente lo primero que hizo al despertarse fue guardar la muñeca nuevamente en la caja. Después, fue a la cocina a prepararse el desayuno, no podía esperar a que nadie se lo preparase, aunque fuera Navidad y estuviera de vacaciones. Derramó un poco de leche sobre la mesa y en ese momento su madre apareció enfurecida.

- ¿Por qué tienes que ser tan torpe? ¡No sirves para nada, igualito que tu padre!- le gritó.

Juan se giró y sin pensarlo la llamó “puta”. Cuando se escuchó a sí mismo, no podía creer que esa palabra hubiera salido de su boca. No quería insultarla, es que muy pocas veces había oído que la llamaran mamá.

Juan dejó de ser un niño invisible en ese mismo momento.

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Un minuto intenso

 

 Un minuto intenso

  Yo creo que el minuto más intenso de mi vida fue una noche que conseguí ligar. Salí de copas con unos amigos y sobre las tres de la mañana, cuando ya empiezan las rebajas, recalamos en un tugurio de estos en los que la gente va a pillar, que más que discotecas parecen mercados de ganado. “Esta me parece bien, ese me lo llevo al peso o aquel me lo quedo a ojo de buen cubero”.   Yo tuve suerte, al menos eso me pareció al principio. Una rubia de bote pero con dos  t… bien puestas se acercó a pedirme fuego, yo le dije que lumbre no tenía pero que fuego le daría todo el que quisiera. No hizo falta más, en menos de una hora estaba en una habitación decorada totalmente en azul , enmoquetada paredes y suelo y sobre una cama de dos cuerpos por lo menos. No me había visto en otra. Pero ahí empezó mi calvario. El minuto, más bien minutos,  más intensos y más difíciles de mi vida.

  Ella se fue desnudando, poco a poco, mientras bailaba una danza sensual que me recordaba a kim Basinger en “Nueve semanas y media”  Yo estaba asistiendo a ese meneo de caderas, a ese balanceo de brazos, a esa caída de blusa, a ese perfume de vainilla  y sin embargo no notaba nada en mi interior, mejor dicho en mis zonas bajas, para asegurarme y en un momento que ella miraba para otro lado toqué el sitio donde debía haber una erección y lo único que encontré fue una cosa blanda y morcillona, Fue un momento de pánico total. Aquella mujer que ya estaba casi desnuda se iba a lanzar a por mi y no iba a encontrar nada donde agarrarse, ¿ qué podía hacer?  Mi cerebro aturdido por el alcohol y la hora,  estaba tan morcillón como mi miembro. Tenía que pensar a toda velocidad. Más que pensar conseguir que aquella cosa tomara un tamaño y una dureza adecuadas a la situación.

-         Permíteme ir al servicio-  le dije.

 Nada más llegar al lavabo me la agarré con fruición y le di unos meneos , pero ni por esas.

-Cariño te estoy esperando-  dijo la rubia con voz de Marilin Monroe..

 Ya no pude retrasarlo más, salí en calzoncillos y allí estaba ella en la cama, con las piernas cruzadas ocultando  el sexo y acariciando esas grandes tetas con las dos manos hasta llevarse lo pezones a la boca. Lo que más me había excitado siempre: una mujer voluptuosa de pechos grandes y mucho pelo en el pubis, y ahora estaba allí delante de ella y mi aparato se comportaba como un ente autónomo al que no le interesaba nada. Seguro que alguno de los cabrones de mis amigos, jodido por no poder soportar que yo ligara,  me había puesto  algún producto en el cubata y era lo que me dejaba incapaz.

- Seguro que es eso- pensé, – pero pasará.

A ver como le contaba a aquella hembra que era el bromuro de la mili que me estaba haciendo efecto ahora.

-         De perdidos al río- , me dije, – que sea lo que Dios quiera- 

Y me lancé sobre sus muslos de carne trémula y blanca y los  lamí con fruición hasta llegar a esa parte en la que todos estáis pensando y entonces:   ¡ sorpresa!, ¡ maldición!. Eso si que era un rabo enhiesto y duro.

   Mi primera intención fue salir corriendo como fuera, pero ella/él me atrapó entre sus piernas poderosas y blancas. Al levantar la cabeza, vi aquellas tetas que sobresalían del torso contorneado y limpio y unos labios rojos que me pedían suplicantes que los comiera y sucumbí. Me relajé y me dejé hacer. Para mi sorpresa, lo que antes era flacidez se convirtió en petrea dureza y … ya no contaré más,  por pudor y respeto a la audiencia.

Por supuesto que la versión que les di a mis amigos fue muy diferente, faltaría más.

  De todas maneras y a modo de conclusión os diré que :  “A polvo regalado, mirale antes si tiene rabo.”

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Yo también te quiero

  Te quiero, le dijo Daniel Gómez,  mirándola a los ojos, mientras remaba en el estanque del retiro. Natasha Tashenko, en silencio, contemplaba como un cisne de cuello largo sumergía la cabeza en el agua, una y otra vez.

  Al poco, el cisne de cuello largo sacó la cabeza con un pez atrapado en su pico.

Natasha volvió sus ojos hacia Daniel   y le dijo: Yo también te quiero.

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