Un minuto intenso
Yo creo que el minuto más intenso de mi vida fue una noche que conseguí ligar. Salí de copas con unos amigos y sobre las tres de la mañana, cuando ya empiezan las rebajas, recalamos en un tugurio de estos en los que la gente va a pillar, que más que discotecas parecen mercados de ganado. “Esta me parece bien, ese me lo llevo al peso o aquel me lo quedo a ojo de buen cubero”. Yo tuve suerte, al menos eso me pareció al principio. Una rubia de bote pero con dos t… bien puestas se acercó a pedirme fuego, yo le dije que lumbre no tenía pero que fuego le daría todo el que quisiera. No hizo falta más, en menos de una hora estaba en una habitación decorada totalmente en azul , enmoquetada paredes y suelo y sobre una cama de dos cuerpos por lo menos. No me había visto en otra. Pero ahí empezó mi calvario. El minuto, más bien minutos, más intensos y más difíciles de mi vida.
Ella se fue desnudando, poco a poco, mientras bailaba una danza sensual que me recordaba a kim Basinger en “Nueve semanas y media” Yo estaba asistiendo a ese meneo de caderas, a ese balanceo de brazos, a esa caída de blusa, a ese perfume de vainilla y sin embargo no notaba nada en mi interior, mejor dicho en mis zonas bajas, para asegurarme y en un momento que ella miraba para otro lado toqué el sitio donde debía haber una erección y lo único que encontré fue una cosa blanda y morcillona, Fue un momento de pánico total. Aquella mujer que ya estaba casi desnuda se iba a lanzar a por mi y no iba a encontrar nada donde agarrarse, ¿ qué podía hacer? Mi cerebro aturdido por el alcohol y la hora, estaba tan morcillón como mi miembro. Tenía que pensar a toda velocidad. Más que pensar conseguir que aquella cosa tomara un tamaño y una dureza adecuadas a la situación.
- Permíteme ir al servicio- le dije.
Nada más llegar al lavabo me la agarré con fruición y le di unos meneos , pero ni por esas.
-Cariño te estoy esperando- dijo la rubia con voz de Marilin Monroe..
Ya no pude retrasarlo más, salí en calzoncillos y allí estaba ella en la cama, con las piernas cruzadas ocultando el sexo y acariciando esas grandes tetas con las dos manos hasta llevarse lo pezones a la boca. Lo que más me había excitado siempre: una mujer voluptuosa de pechos grandes y mucho pelo en el pubis, y ahora estaba allí delante de ella y mi aparato se comportaba como un ente autónomo al que no le interesaba nada. Seguro que alguno de los cabrones de mis amigos, jodido por no poder soportar que yo ligara, me había puesto algún producto en el cubata y era lo que me dejaba incapaz.
- Seguro que es eso- pensé, – pero pasará.
A ver como le contaba a aquella hembra que era el bromuro de la mili que me estaba haciendo efecto ahora.
- De perdidos al río- , me dije, – que sea lo que Dios quiera-
Y me lancé sobre sus muslos de carne trémula y blanca y los lamí con fruición hasta llegar a esa parte en la que todos estáis pensando y entonces: ¡ sorpresa!, ¡ maldición!. Eso si que era un rabo enhiesto y duro.
Mi primera intención fue salir corriendo como fuera, pero ella/él me atrapó entre sus piernas poderosas y blancas. Al levantar la cabeza, vi aquellas tetas que sobresalían del torso contorneado y limpio y unos labios rojos que me pedían suplicantes que los comiera y sucumbí. Me relajé y me dejé hacer. Para mi sorpresa, lo que antes era flacidez se convirtió en petrea dureza y … ya no contaré más, por pudor y respeto a la audiencia.
Por supuesto que la versión que les di a mis amigos fue muy diferente, faltaría más.
De todas maneras y a modo de conclusión os diré que : “A polvo regalado, mirale antes si tiene rabo.”